
Desde las cuevas prehistóricas hasta los vasos y mosaicos grecolatinos, desde los retablos medievales hasta las piedras aztecas, desde el tapiz de Bayeux hasta las aleluyas que vendían los ciegos por las calles de ciudades y pueblos, la narración gráfica se ha convertido en una necesidad comunicativa permanente. En el tránsito al siglo XIX, la revolución industrial y los cambios sociales y tecnológicos asociados propiciaron la aparición del cómic, un medio de comunicación de masas derivado de este campo expresivo milenario que se desarrolló en las grandes ciudades, donde se concentraban los núcleos editoriales. El Empordà ha vivido el mundo del cómic desde una posición periférica, pero al mismo tiempo privilegiada, ya que no solo ha sido un territorio de consumo y de creación, sino que también se ha convertido en escenario de ficciones imaginadas por artistas foráneos. A menudo, sin embargo, esta mirada ha sido superficial y tópica, condicionada por el peso del imaginario colectivo.
Comisariado: M. Mercè Cuartiella y Joan Manuel Soldevilla
Ubicación: Museo del Empordà